Skip to content

Puebla de Don Fadrique: nuevo extracto de la leyenda del Cerro de la Cruz.

Puebla de Don Fadrique ha mostrado interés por el proyecto de recopilación de cuentos y leyendas, y aquí traigo una nueva parte de la interpretación literaria de la del Cerro de la Cruz.

Antes de pasar a la lectura, debo advertiros que aunque hoy en día los cuentos y leyendas vayan más enfocados a los niños (Disney tiene mucho que ver en eso), lo cierto es que Cenicienta, La Bella Durmiente y tantos otros tienen origen en relatos medievales. Las versiones originales son bastante más crudas y no rehuyen la violencia ni el sexo.

Aclaro esto porque la escritura del Cerro de la Cruz la enfoco desde este punto de vista: son tradiciones para adultos, de cosas que realmente les atemorizaban o asombraban o causaban devoción. Espero que nadie se escandalice, je, je.

Resumen de la entrada anterior.

brujas goya (2)Francisco, el muchacho aprendiz del carnicero de Puebla, vuelve de cumplir un recado urgente y le sorprende la noche de camino. Asustado por la posibilidad de que aparezcan lobos o lo asalten bandoleros, queda petrificado cuando tras unos golpes de viento aparece de repente una luz cerca del camino y distingue risas.

Comienza a acercarse ocultándose para ver si hay peligro cuando sin siquiera levantar la vista una mujer le pregunta:

“—¿Te hemos asustado, palomo?— dijo una de ellas sin levantar la vista mientras las otras reían por lo bajo.

Francisco no supo cómo reaccionar al verse sorprendido. Se puso de pie con torpeza y dio algunos pasos hacia ellas.

—Mis señoras, no, yo… Creí que eran bandidos—

—¿Os parecemos ladronas, muchacho?—dijo con sorna una mirándolo a los ojos. Era hermosa.

—Nosotras no tomamos nada que no quieran darnos de buena voluntad…

—Y siempre quieren darnos algo, te lo aseguro.

—Ja, ja, ja— rieron las tres a coro.

Eran bellas, hablaban como continuando una la frase de la siguiente, mientras las demás  no paraban de reir.

—Acércate a nuestro fuego…

—Bueno,… son solo unas brasas— dijo Francisco con timidez intentando burlarse como un hombre.

—¿No sabes que de las brasas más pequeñas se hacen también grandes fuegos?

—Este sabe pocas cosas hermanas— oyó entre susurros mientras reían.

—Si, pero es como una pequeña brasa capaz de levantar un buen fuego… Mírale los ojos…

—Y miradle las manos hermanas… Este palomo aún no lo sabe, no sabe lo que es…

—No, no lo sabe…

—El pequeño pichón lleva dentro un animal…

—Si, un animal

—Este tiene para las tres

—Ja, ja, ja…

Hablaban como si el no estuviera delante, los susurros parecían escucharse por el aire mientras que sus bocas solo reían.

—Ven a sentarte con nosotras, Francisco…

—Tenemos vino para que cojas fuerzas antes de seguir tu camino…

—¿Me conocéis señoras?

—Todas las mozas en Puebla conocen a Francisco, el aprendiz del carnicero…

—Ja, ja, ja…

—Pero yo nunca os he visto, perdonadme.

—No nos gusta vivir entre la gente. No somos de estas tierras.

—No, no nos gusta el pueblo…

—Vivimos allí arriba— dijo la tercera señalando

—¿En la montaña?— dijo él acercándose con curiosidad.

—En la cueva…

—Donde nadie nos ve

—Nos gusta ser libres

—¿Y cómo habéis llegado hasta aquí mis señoras?

—Volando… ja, ja, ja…

—¿Te gusta volar, palomo?— dijo una desafiante entreabriendo las piernas un poco.

—ja, ja, ja—

Francisco no sabía lo que pasaba, pero no se ofendía con sus bromas. ¡Eran tan hermosas!,  y además le hablaban como un hombre, le hacían sentir fuego en su interior. Descubrió que él también sonreía.

Una de las mujeres sacó un pellejo y unas escudillas, y sirvió líquido rojizo en ellas. Se pasaron los recipientes y le tendieron el que sobraba, invitándolo a sentarse con un gesto decidido de la cabeza. Francisco se sentó emocionado, sonriendo ante el golpe de suerte que le había puesto en el camino de las tres mujeres. Dio un trago mirándolas mientras bebía.

—¿Qué vino es este? Sabe extraño…

—Un vino que no probarás en ninguna bodega pichón…

El joven apuró la escudilla y la presentó decidido para que la rellenaran.

—¡No soy un pichón!— dijo envalentonándose y sonriendo con picardía.

—Uuuh, no es un palomo hermanitas, ja, ja ja…

—Y… ¿entonces qué eres?— dijo desafiante la que llenaba el cuenco.

Francisco bebió de un solo trago y casi gritó “¡Soy un animal!”

—¡Siiii! Ja, ja, ja

—Ja, ja, ja

Los cuatro rieron sin parar, hasta que el muchacho cayó de espaldas entre carcajadas. Vio el cielo como nunca lo había visto, como si no fuera una imagen plana, y las estrellas se separaran unas de las otras hasta el infinito, brillando como soles azules y  lejanos. No paraba de reir mientras el cuerpo se le quedaba pequeño, el aire entraba en sus pulmones llenándolos de frescor como si respirara agua de pozo. Sentía deseos de arrancarse la ropa y lanzarse a correr, correr tan rápido como pudiera, necesitaba cansarse y comenzó a resoplar.

—¡Vamos palomo! ¡Corre con nosotras!

Las tres mujeres comenzaron a correr en dirección a la cima entre aullidos y risas. Francisco las siguió enloquecido, mirando las formas de los cuerpos femeninos marcándose entre los movimientos de la carrera y el aire que de nuevo había comenzado a soplar. La pendiente aumentaba y el joven se ayudaba de manos y pies, avanzando obligado por un ansia devoradora a cuatro patas, gruñendo al respirar, como un lobo insaciable a la caza de una presa. Ellas subían sin esfuerzo, con  grandes saltos que a veces parecían cortos vuelos, aterrizando en cuclillas y solo parando para mirar atrás en busca del muchacho, que las seguía como una fiera.

Alcanzaron la entrada de la cueva y Francisco quedó tendido, resollando en la pequeña explanada frente a la oquedad. Su cuerpo necesitaba descansar pero tumbado el ansia era aún mayor, miraba con los ojos desorbitados a su alrededor queriendo dejar su cuerpo atrás para seguir adelante. “¡Más! ¡Más!…”  Dijo arañando el suelo con las manos.

—Dejadme a mi primero— oyó que decían, —vosotras ya empezasteis las otras veces… —

—Dale hermana, hay para todas…

Vio aparecer una de ellas mirándolo fijamente, avanzar de pie sobre él con una pierna a cada lado de su cuerpo. El cabello parecía flotarle alrededor mientras lo acechaba, hasta que ladeó la cabeza y con un gruñido extraño le araño el pecho de un zarpazo, abriéndole la camisa. Francisco se arqueó gimiendo de dolor, mientras ella abría sus calzones y lo dejaba medio desnudo de un tirón seco. Ella miró lo que escondía la ropa desde arriba y comenzó a ronronear con la garganta, se recogió las faldas y fue bajando hasta colocarse en cuclillas y montar al muchacho. La pareja se arqueó con un mismo gemido, al que acudieron las otras dos a cada lado. Se entrelazaron y le susurraban “¿te gusta volar, palomo?”.

Y repentinamente Francisco se sintió lanzado a lo alto, cruzando el aire con las mujeres mientras lo cabalgaban. El joven quedó hundido en una inmensa sensación de dolor, placer y vértigo, veía la Garganta debajo, era consciente de que cruzaba volando de una parte a otra, pero nada podía apartarlo del ansia de moverse y girar abrazado a aquellas mujeres, mientras las otras le arañaban la piel y le buscaban la boca ronroneantes. Sus ojos se habían vuelto enormes y dorados, brillando en la oscuridad como un lago en el que se hundió sin resistirse. Tres veces cruzaron de un monte a otro como un amasijo de carne y viento, tres veces lo montaron y tres veces se vació.

El horizonte empezaba a clarear cuando dejaron caer el cuerpo del muchacho sobre la cima del monte, frente al que había comenzado todo. Francisco cayó extenuado, con los ojos casi en blanco y adormecido, la carne enrojecida a arañazos y mordiscos, sin apenas más fuerzas que para respirar.”

historiasdelaltiplano Ver todo

Página dedicada a la difusión del Altiplano de Granada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: