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En el Altiplano de Granada existieron cofradías de sangre al menos hasta finales del XVIII, como en todo el territorio español, en las que nazarenos, empalados y disciplinantes hacían penitencia pública mortificando el cuerpo.

Huéscar y la prohibición de 1777.

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Portada de la cédula de 1777 conservada en Huéscar

En el Archivo Municipal de Huéscar se conserva una Real Cédula expedida en 1777 por los Consejos Reales, por la cual se prohibía que hubiera empalados y disciplinantes en la procesiones y rogativas.

Esta sanción obviamente era para todo el reino, y pretendía cambiar drásticamente una costumbre muy arraigada entre el pueblo. Tan arraigada que aún a mediados del S. XIX podían verse disciplinantes en las procesiones de Madrid, por ejemplo. No sabemos si la cédula fue cumplida o no en el Altiplano, pero si en la misma capital del reino no se ejecutó es de imaginar lo mismo para nuestra comarca.

Las Cofradías de sangre en el Altiplano.

Sabemos que tanto en Huéscar como en Puebla de Don Fadrique, se celebraban procesiones generales el Viernes Santo desde el S. XVI. También el Señorío de Orce y Galera contaban con cofradías y hermandades que realizaban estación de penitencia para los oficios de Semana Santa.

Usualmente las cofradías en las que solían aparecer empalados y disciplinantes eran las de la Veracruz o Santo Crucifijo y las de Ánimas, normalmente vinculadas al entierro de Cristo, bien con un titular de Cristo expirado, bien con titular mariana (Soledad, Dolores, Quinta Angustia, etc).

En Huéscar está documentada la existencia de una Cofradía del Santo Crucifijo en 1580, según Huéscar con Historia. Pero seguro que es bastante anterior pues una cosa es cuando una cofradía o hermandad era aprobada, y otra cuándo era su fundación. En Puebla de Don Fadrique por ejemplo ya existía la cofradía de esa advocación en 1550, como he podido comprobar en testamentos de esos años. Y en Orce también existe ya una en 1590.

Lo que dice el documento

La cédula, expedida a partir de una petición al rey del obispo de Plasencia, hace gala de las no siempre fáciles relaciones entre el clero y las cofradías, cosa que hoy también ocurre. El texto arremete sobre todo contra las formas de penitencia más rigurosas:

“…el abuso introducido en todo el reino…de haber penitentes de sangre o disciplinantes y empalados en las procesiones de Semana Santa,… sirviendo sólo, en lugar de edificación y de compunción, de desprecio para los prudentes, de diversión y de griterío para los muchachos, y de asombro, confusión y miedo, para los niños y mujeres.”

También sanciona que las procesiones se prolonguen tras la caída del sol, “por ser una sentina de pecados, en que la gente joven y toda la demás viciada, se valen de la concurrencia y tinieblas para muchos desórdenes, y fines reprobados…” 

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Procesión de disciplinantes, de Francisco de Goya.

 

Penitentes, nazarenos, empalados, hermanos de luz… ¿Quién era quién en un cortejo?

Seguramente a lo largo del artículo os habréis preguntado qué diferencia había entre unos y otros. Vamos a tratar de explicarlo:

  • Penitentes: todo aquel que sale en una procesión haciendo penitencia, de ahí su nombre. Para entendernos, penitentes son todos exceptuando músicos y costaleros. Y sí, las mantillas también entrarían en esta categoría. Antiguamente hacer penitencia no significaba ir con la cara tapada o un hábito o túnica especial. De hecho una persona podía ir detrás de una procesión, descalzo o con vela, a pesar de que no formara parte de la cofradía, simplemente por devoción o promesa.
  • Hermanos de luz: penitentes que portaban hachones o cirios, no tanto para dar luz (las procesiones se realizaban mayormente antes de la puesta del sol) sino porque así se acompañaba a los funerales. Y al fin y al cabo las procesiones lo que intentaban representar era un cortejo fúnebre para el entierro de Cristo. Hoy en día es la figura mayoritaria en las filas de las cofradías y hermandades que procesionan.
  • Nazarenos: penitentes que portaban una cruz. En Huéscar sigue existiendo esta figura en la procesión de Los Descalzos, el Martes Santo.

  • Empalados y aspados: penitentes atados a un “palo” ya fuera horizontal o en forma de aspa. No existen en el Altiplano pero sí se han conservado en otros lugares como Extremadura.

  • Hermanos de sangre o disciplinantes: penitentes cuya disciplina implicaba el derramamiento de sangre durante la procesión, mayormente por autoflagelación con cuerdas o flagelos de esparto. Se les conocía también como “picados” ya que al flagelarse, la sangre se acumulaba en la piel sin poder salir lo cual era peligroso, por lo que cuando se congestionaba la piel se les “picaba” con cristales rotos para que la sangre fluyera. Tampoco se han conservado en el Altiplano ni en la mayoría de España, pero siguen existiendo en ciertas localidades.

¿Qué os parece? Ahora sabemos un poco más sobre la Semana Santa en el Altiplano de Granada.