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SOBRE EL AMOR: UN CASO DE ORCE

¿Se enamoraban nuestros antepasados de la misma forma que nosotros? Uno de los errores más comunes es el de pensar que ciertas cosas nunca cambian… Los sentimientos amorosos existían obviamente, pero la forma de vivirlos, de afrontarlos, de poder corresponderlos o no, hace que nuestra realidad y la de los siglos XVI al XVIII sean, no ya de épocas diferentes, si no directamente de distintos universos. En nuestro universo del S. XXI apenas se concibe otro motivo para una pareja que no sea el del amor, al igual que para el matrimonio. Pero esta forma de entenderlo es algo que se formó con el tiempo a partir del S. XIX y que no triunfó hasta entrado el S XX. Nuestra concepción del amor es de origen burgués.

En el universo del Antiguo Régimen no existe el concepto de pareja, para empezar. No se prueba, no se experimenta, no se elige. El trato hombre-mujer va enfocado al matrimonio. El amor romántico es cosa de pobres, que no tienen nada que perder, de teatros y novelas, o de aventuras fuera del matrimonio . Casarse no era para amarse. Era para cumplir con el deber, deber que además se formaliza como contrato ante los notarios. Esta base económica-contractual fue una realidad social tan normal y aceptada como lo es en la nuestra el emparejarse libremente…  Mientras se cumpliera con las espectativas y se jugara dentro de las normas, el buen funcionamiento estaba garantizado. Pero cuando se dejaba de cumplir con el deber, sobrevenía la catástrofe.

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Créditos de la imagen.

Así ocurrió en Orce entre la joven Catalina de Lara y Domingo Rodríguez. Él vendía en un comercio existente en el mesón de Orce, donde Catalina iba a comprar, y de esos encuentros parece que surgió el amor entre ellos. Sin embargo debían ambos tener claro que la relación no sería del agrado del padre de la joven, y recurrieron a una de las formas más antiguas de emparejamiento: el rapto. Catalina pasó a vivir en el mesón donde bajo promesa de matrimonio se amancebó durante meses con su enamorado, lo cual debió suponer un escándalo tremendo en el Orce de principios del XVII. El amancebamiento además era delito con castigo de cárcel y multa, y fue con esta amenaza como Miguel de Lara, padre de la novia, consiguió terminar con el escándalo. Pero Catalina había quedado embarazada…

Miguel de Lara fue inflexible. Se presentó ante el notario con el joven Domingo, y allí formalizó una obligación que rompía para siempre la pareja. Lo habitual en estos casos era resolverlo mediante matrimonio, para salvar la honra de la novia. Sin embargo el padre impuso unas condiciones crueles: a cambio de retirar la querella que había interpuesto, exigió una compensación de 8.800 reales  (más de lo que valía una suerte de población). Su hija volvería al hogar paterno donde daría a luz a la criatura y, una vez nacida, pasaría a Domingo Rodríguez como cosa suya y de ninguna manera ni Miguel ni su hija tendrían niguna obligación hacia el bebé. Además exigió que no podría volver a ver ni hablar con su hija, aunque ella fuera a buscarlo él debía darse la vuelta y rehuirla. En caso de no cumplir esto debería pagar 1.100 reales más. La fuerte suma de dinero seguramente condenó a Domingo a la ruina.

En cuanto a la criatura, fue una niña llamada María, que efectivamente fue entregada a su padre. Pero incapaz de criarla la dió en adopción al barbero de Orce Juan Rodríguez y a su mujer Ana Sánchez. Estos prometieron criarla y alimentarla como si fuera su hija, a cambio de que Domingo renunciara por siempre a todos los derechos sobre ella. El joven tuvo que firmar ante notario la renuncia y la cláusula de que, aunque iniciara trámites judiciales para recuperarla, no serían válidos y comprometiéndose a pagar, en el caso de incumplimiento, todas las costas y gastos derivados del intento. A pesar de todo Domingo la reconoció como hija natural suya, sin nombrar a la madre, e instituye a María como heredera suya.

Una historia tremenda que ilustra muy bien las consecuencias de dejarse llevar por el amor en aquel tiempo.

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5 thoughts on “SOBRE EL AMOR: UN CASO DE ORCE Deja un comentario

  1. Muy interesantes son estas historias, y muy bien que alguien las recopile para
    que no se pierdan. Pero quién decidia de las clausulas ? El padre tenia toda la libertad de imponer su voluntad ante el notario ?

    Le gusta a 1 persona

    • Hola Christine, gracias por tu comentario.
      Las condiciones de este caso concreto las puso el padre como tutor legal de su hija, es un acuerdo para no llegar a juicio.
      Normalmente las escrituras matrimoniales son de tipo económico, especificando quienes son los novios, qué bienes aporta la novia y qué dote da el novio.

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