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SERVICIO, CRIADOS Y TRABAJO INFANTIL. UN CASO DE ORCE.

Hoy en día apenas se usa la palabra criado/a para referirse a una persona que trabaja como empleado del hogar. Es anticuada y se considera con un valor despectivo, pero todo el mundo entiende su significado. Sin embargo criada y sirvienta no eran lo mismo en la Edad Moderna. Sirviente era toda persona que entrara a servir en una casa, es el nombre genérico sin distinción de edad ni cometido. Pero un criado es un tipo especial de sirviente, es aquel que, como su propio nombre dice, es criado en una casa desde que es niño hasta que termina su contrato.

Los casos de niños cedidos para que trabajen desde edades muy tempranas (he visto casos de pequeños con 5 o 6 años), aparecen contínuamente a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII en el Altiplano de Granada. Hoy en día nos resultaría escandaloso que una familia diera su hijo a otra para que les sirva, las mismas autoridades retirarían inmediatamente la custodia a los padres. Pero hablamos de otra época en que el concepto de “explotación infantil” no sólo no existe, si no que el hecho de poner a servir a tus hijos puede ser incluso un gesto de amor, pues es una forma de librarlos del hambre y la escasez. Aunque el concepto de paternidad era radicalmente diferente, es cierto que muy raramente unos padres ponen a sus hijos a servir como criados si no es porque no pueden mantenerlos.

El contrato de trabajo de los niños se escrituraba ante notario normalmente, en las escrituras llamadas “obligación de servicio”. Por este contrato, el pequeño o pequeña dejaba el hogar familiar para irse a vivir a casa de sus “amos”, los cuales le proporcionarían un lugar para dormir y comida diaria a cambio de su servicio. Esta obligación duraba normalmente hasta que el sirviente se casaba, momento en que se ajustaba la “soldada” o sueldo de los años trabajados, que en el caso de las mujeres pasaba a ser su dote. Vamos a verlo en un caso concreto.

pinturadeg25c32589nero-013 Crédito de la imagen:http://2.bp.blogspot.com . En este famosísimo cuadro de Velázquez, el muchacho que ayuda a la anciana representa con seguridad a un criado.

 

Ginés Martínez Arroyo, un vecino de Puebla de Don Fadrique, tenía una hijastra de ocho años. La niña se llamaba Polonia (Apolonia) y su padrastro la puso a servir en la casa de un habitante de Orce, Gonzalo Piñero. El tiempo que se estipuló para el servicio fue de diez años, al fin de los cuales la niña debería recibir 12 ducados (132 reales, una cantidad ínfima) por su trabajo. El padrastro por su parte se quedó con 33 reales en el momento de la entrega de la  niña.

El detalle de la baja remuneración es importante, pues en contra de lo que se puede pensar, tener un criado/a no era exclusivo de familias adineradas. La diferencia entre los sirvientes de unos y otros estaba no sólo en la cantidad (obviamente una familia principal tenía mas sirvientes), si no también en la calidad: la ropa y la forma de comportarse de los criados de las familias importantes, era una exigencia más, pues en la honra y fama de los sirvientes se juzgaba también la calidad de su señor. Incluso para servir, siendo apenas un niño, la honra importaba en esa sociedad española “enferma de honor”.

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Página dedicada a la difusión del Altiplano de Granada

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