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POST ESPECIAL: EL S. JOSÉ PERDIDO DE HUÉSCAR Y LOS RUIZ-COELLO

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Lo prometido es deuda, y aunque tarde aquí presento la única fotografía que conozco de la antigua talla de S. José que se veneraba en Huéscar. Se trata de un negativo sobre cristal, por lo que puede datarse como de finales del S. XIX, que presenta al santo en un altar de cultos a un lateral del altar mayor de Santa María. A pesar de que los negativos en cristal ofrecían la ventaja de una mayor definición y calidad, no es obviamente el caso pues la toma resultó movida y sobreexpuesta. Aún así es de gran interés por permitirnos conocer otra de las imágenes que desaparecieron en la Guerra Civil, que supuso a nivel artístico la pérdida de la mayoría del patrimonio religioso oscense: retablos, pinturas, esculturas, archivos… Todo perdido para siempre.

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Ampliando la imagen, distinguimos un San José de talla barroca de calidad, con una gran diadema de plata coronándolo. Su postura tiene gran movimiento, en ademán de andar y presentando al Niño en sus brazos; este detalle unido a la belleza idealizada del rostro, me hace pensar en una autoría murciana más que en las escuelas andaluzas, sobre todo viendo la semejanza de postura con otros conservados como el de Urrácal en Almería, atribuido a Roque López (1747-1811), discípulo de Salzillo, quien esculpió para  Huéscar la Virgen de los Dolores, también quemada en la Guerra. La talla era titular de su propia cofradía que lo procesionaba para su festividad, vinculada a la Orden Tercera de San Francisco que se instituye en Huéscar a finales del XVIII. Pero será en el S. XIX cuando goce de mayor fervor,  y es aquí donde entra en juego una familia oscense que sintió especial devoción por el santo.

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Fotografía sobre 1900 del fondo particular de los Ruiz-Coello.

Los Ruiz-Coello fueron una de las familias destacadas de Huéscar en el XIX, con descendencia actual en Almería y Granada, pero ya desaparecida del pueblo. Descienden todos del Alférez Gaspar Ruis de Acosta, natural de Lisboa, y su mujer Catalina Coello (por este origen a veces se les denominó Ruiz-Coello de Portugal), establecidos en Huéscar a mediados del XVII. Gaspar militó en favor del bando pro español en la Guerra de Portugal que acabó con la independencia de éste (1640), perdiendo su posición en Lisboa por lo que el rey español lo compensó con el puesto de administrador de rentas reales de Huéscar. Aunque entraron con fuerza casando a su hijo con una García de Villanueva, no llegaron a establecerse como familia oligarca y su papel no será destacado hasta el S. XIX, cuando junto a los Jiménez, los Dueñas y los Sánchez-Morales forman el núcleo principal de familias terratenientes oscenses.

 

Será un Enrique Ruiz-Coello quien compre una casa solariega del S. XVI y la derribe para construir su residencia familiar. En esta casa sus sucesores desarrollarán su devoción al santo y su pertenencia a la Orden Tercera  franciscana, de manera que patrocinarán el culto y el ornato a la imagen. Y no sería de extrañar que la totalidad del altar de cultos que puede intuirse en la fotografía, perteneciese a esta familia, pues suyas fueron por ejemplo las andas y la candelería en las que procesionaba la talla. Así mismo tenían ropa y paños bordados para vestir la imagen del niño Jesús, de la que se ha conservado un juego en color aguamarina, bordado en hilo de oro.

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