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MATRIMONIO ENTRE PARIENTES

Con anterioridad al S.XX no era extraño encontrar matrimonios entre parientes, normalmente familiares en tercer o cuarto grado (primos segundos, tíos segundos, etc.) pero también más directos. Este Lunes encontré un caso curioso que viene a hacer más evidente el enorme grado de endogamia entre las familias oligarcas de Orce y Galera; no es que sea un caso único, pero no es normal que un testador deje constancia de sus relaciones de parentela de forma tan detallada. Habitualmente sólo cuando se reconstruye una genealogía es cuando uno puede ver las conexiones.

Esta vez la testadora es una mujer, Dña. María Antonia Tomás Romero-Masegosa, vecina de Galera y casada con su pariente por partido doble (2º con 3º grado de consanguineidad) D. Bernabé Celaya. Este grado de parentela implicaba por ejemplo que su suegra, además, era su tía. Para enredar más las cosas, la hermana de su tía-suegra, era su cuñada también además de tía. Y en un más difícil todavía, un hermano y una hermana de Dña. María Antonia se casan con dos hermanos también, que además eran parientes en 3º grado de ellos.

Pero ¿por qué este baile de matrimonios con parientes? No es que fuera algo solo propio de las familias poderosas, también se daba entre la gente llana. Pero ahí ya entran factores más sociológicos y antropológicos. Entre las oligarquías, este fenómeno tiene unos porqués y una cronología muy claras:

  • Antes de la supresión de vinculaciones, hasta 1836, el motivo es fundamentalmente económico. Casarse entre parientes ayuda a que las fortunas no se dispersen y facilita que las posibles vinculaciones de sus apellidos recaigan sobre el mismo linaje, al ser heredadas.
  • Con posterioridad a la abolición de las vinculaciones (mayorazgos, capellanías, memorias, etc) a partir de 1836.

La nueva sociedad burguesa que nace en el siglo XIX, aunque apasionante, es una sociedad tremendamente hipócrita y contradictoria. Una vez que las propiedades no podían blindarse de manera que pasaran de generación en generación para facilitar la riqueza del linaje, los matrimonios entre parientes perdieron su principal motivación. Y sin embargo, al menos en el caso de Huéscar que es el que conozco en estas fechas del XIX, la endogamia continúa con igual o mayor fuerza. ¿Por qué? Por clasismo. Las nuevas familias que ocupan el vacío dejado por los hidalgos, aunque plebeyos, son tremendamente sectarios. Las figuras del “señorito” y el caciquismo son del S. XIX. Eso no quiere decir que en los siglos anteriores fueran más justos ni menos clasistas, pero son sociedades con otras fundamentaciones ideológicas, el clasismo es parte intrínseca de esa sociedad establecida “por la gracia de Dios”. No podía ser de otra manera. Pero el S. XIX, con la nobleza aboliéndose, la declaración de derechos del hombre, las revoluciones constitucionales, con otro horizonte y otra fundamentación, resulta escandaloso ver como la burguesía triunfadora toma actitudes y comportamientos propios de una sociedad estamental.

Esos tan traídos y llevados “señoritos” en el imaginario del pueblo, en un golpe de ironía de la historia, resultan ser hijos del pueblo. Los plebeyos explotando a los plebeyos.

 

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